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¿Dónde están tus fotos?

Igual esa es la pregunta que te estás haciendo, ¿por qué este tío no me enseña un montón de fotos como hace todo el mundo?

Si has leído mi carta de presentación y como supongo lo has hecho con atención, si no es así pasa por aquí.

 

 

 

Te puedo enseñar infinidad de fotos como cualquier otro fotógrafo, pero estas fotos tienen un fallo muy gordo

  • Ni sois vosotros

  • Ni es vuestra familia

  • Ni es el mimo sitio

  • Ni es la misma hora

En definitiva no son de vuestra boda y si me has leído bien, que espero que si, sabrás que cada boda es distinta a otra.

Si quieres saber como fotografío, tendrás que quedar conmigo y si de verdad quieres saber como quedaras en las fotos, te tendrás que fotografiar conmigo previo contrato en una pre-boda.

                                             

                                                  ¿Tienes curiosidad?

El por qué de las cosas

Desde pequeño ya sentía horror por las clases de plástica. No se me daba bien ninguna disciplina artística. Si intentaba dibujar un perro, parecía un extraterrestre vuelto del revés y no te digo nada de los otros trabajos como hacer un cenicero de arcilla, parecía más un orinal.

La verdad es que lo que más me gusto de acabar la E.G.B. (antes se llamaba así) fue acabar con semejante tortura.

Lo que si me gustaban eran los aparatos electrónicos (gadgets se le dicen ahora) y en especial me atraían muchísimo las cámaras de fotos.

 

La primera me la compré creyendo que todo se resumía en tener la mejor que me pudiera permitir. Era completamente  automática y lo que más me gustaba es que tenía un mando a distancia.

 

Ahora, al recordarlo me pongo rojo y mi vergüenza es solo comparable a la estrechez de miras que tenía en aquel momento.

Pronto me di cuenta de que mi cámara tenía vida propia y se empeñaba en hacer las cosas al revés de como yo quería que salieran, porque aunque los colores eran bonitos y las fotos eran técnicamente buenas (gracias a los automatismos) no me parecía estar haciendo nada de valor. Me faltaba algo y no sabía el que.

Comencé de nuevo a frustrarme y al final como cualquier mortal lancé mi cámara al fondo de un cajón para poderme olvidar de ella.

Pero eso que mueve a la humanidad a descubrir y a no darnos por vencidos, me empujó a volver a intentarlo y a convencerme de que podía crear porque sentía la necesidad de hacerlo.

 

Después de mucho estudiar y practicar me di cuenta de que fotografiar no consiste en fotocopiar el mundo con mayor o menor acierto, consiste en ver otra vez con la curiosidad del niño que aprende cosas nuevas y que tiene miedo a perderse algo.

Desde entonces, le exijo a mi fotografía que me diga algo, que me aporte algo y que me mueva a pensar en algo. En otras palabras, a escuchar lo que la vida tiene que decirme.

Ahora puedo decir que si cien vidas viviera, cien veces sería fotógrafo.